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Relato de un abuso, mucho más que un juego

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Relato de un abuso, mucho más que un juego

Relato de un abuso, mucho más que un juego

Recopilamos la historia de una joven de Tegucigalpa a quién por seguridad llamaremos Blanca. “La primera vez que fui abusada tenía solo cuatro años, ese día como otros muchos acompañé a mi mamá a visitar a una amiga, me puse uno de mis vestidos favoritos, siempre que iba solía jugar con sus dos hijos que eran mayores, pero ese día nos alejamos hacia al jardín y todavía hace eco en mí la frase ´es solo un juego´, cuando crecí entendí que eso nunca lo fue, me decían que era un secreto y debía de quedarme callada, ambos comenzaron a tocar mi vagina y vigilar que nadie les mirará, no sé cuánto tiempo duraron esos abusos, en ocasiones los hacían juntos y en otras se turnaban” empezó a relatar Blanca.


“Soy la hija menor de tres hermanos, desde pequeño recuerdo el ver como mi madre era víctima de violencia psicológica y de una ausencia paterna cada vez más marcada” recordó.

Y prosiguió. Cuando tenía seis años mi primo que era un adolescente comenzó a abusar de mí, recuerdo que me obligaba a que le hiciera sexo oral, yo le decía que no me gustaba que me daba asco, pero él me decía que lo tenía que seguir haciendo, que era solo un juego, no entendía porque cuando me decían eso nos teníamos que esconder y nadie nos podía ver.

A los ocho años mi otro primo que era hermano del anterior comenzó a hacer lo mismo cuando estábamos en casa de mis abuelos, creo que a esa edad yo sentía que algo estaba mal porque me encerraba por horas en la ducha para tratar de lavarme y sentirme menos sucia, pero para mí eso era normal, creía que tenía que complacer a los hombres y que era mi deber satisfacerles.

Un día jugando escondite con mis otros primos sentí que alguien empezó a tocar mis pechos, pensé que eran mis primos, pero no, era el papá de ellos, mi tío político y comenzó el mismo ciclo de abusos que sus hijos habían hecho conmigo, pero por parte de él, un hombre veinte años mayor. Recuerdo que un día llego a la casa, yo lo empecé a correr y mi hermano me dijo porque era tan malcriada, yo entre líneas estaba de alguna manera pidiéndole ayuda a alguien.


Esos fueron los abusos que duraron más tiempo, prácticamente durante dos años cada uno, alguien dejaba de abusarme, pero llegaba uno nuevo a hacer lo mismo. Hubo cuatro abusos más que solo fueron una o dos veces, siempre por parte de familiares y vecinos, también dos abusos en potencia, pero de los que, si pude huir a tiempo, yo ya sabía por una mirada o una frase, por donde iba el tema.

Las consecuencias del abuso

Siempre trataba de verme desarreglada para no llamar la atención de nadie más, creía que era la culpable.

En la adolescencia cuando empecé a tener parejas sentimentales me fijaba en personas mucho más mayores, que podrían haber sido hasta mis papás, crecí con ese vacío que constantemente en mi vida busqué llenar a través de la aprobación y el complacer sexualmente a los demás, comprendí que buscaba ese tipo de relaciones para sentirme segura y buscando protección, yo sabía que en ellas era un objeto sexual, pero ya estaba acostumbrada a serlo. Deconstruir ese autoconcepto que desde niña tengo sobre mí me sigue tomando mucho tiempo.

El año pasado sufrí un intento más de abuso sexual, eso me hizo revivir muchos temores de la infancia. Estaba durmiendo en un camarote, me desperté porque alguien me estaba tocando, estaba de pie a la par de la cama en la que yo estaba durmiendo, desnudo y listo para penetrarme, pero que no pasó a más porque tuvo miedo de que gritará y quién dormía a la par mía se diera cuenta.

Esta vez fue distinto, a la mañana siguiente hable y pedí auxilio, culpando a la persona con los responsables de esa casa, pero lastimosamente descubrí que muchas veces cuando uno habla solo se ignora y ya, aún me sigue doliendo que injustamente se culpe a las víctimas y que se siga encubriendo a los abusadores, pero comprendí que no puedo quedarme callada.

“Algunas personas se burlan de la canción un violador en tu camino, en especial del fragmento la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía, pero poder entender ese mensaje me llevo años de terapia”.

Actualmente, Blanca sigue en proceso psicológico tiene veintitrés años es licenciada, trabaja y gracias a una beca está a punto de culminar su maestría, ella siempre se refugió en los estudios.

Iveth Ortiz.

Tinta Verde

Tinta Verde es un proyecto formativo y divulgativo periodístico enfocado en tratar a profundidad la problemática que viven las mujeres de Honduras, y articular herramientas de comunicación para enfrentar la desinformación y manipulación informativa con sesgos machistas y discriminatorios que existe en el país.

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