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Mientras tanto, el zika sigue avanzando.

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Mientras tanto, el zika sigue avanzando.

Los trabajadores de la salud tienen un arsenal cada vez más reducido de insecticidas capaces de matar a los mosquitos portadores del zika y virus similares, en momentos en que comienza el verano en el hemisferio sur y persisten brotes en otras áreas.

Una de las razones es que eliminar a los mosquitos que transmiten la enfermedad es un negocio de nicho con costosas barreras de entrada.

Desarrollar un nuevo insecticida químico y obtener la aprobación de los reguladores puede costar más de US$250 millones y deomarar casi una década, según una investigación de la consultora Phillips McDougall Ltd.

Esta es parte de la razón por la que el mundo ha pasado a depender de un puñado de insecticidas para eliminar mosquitos transmisores de enfermedades, que representan la mejor forma de erradicar virus como el zika. Tan sólo dos clases de insecticidas, conocidos como piretroides y organofosforados, han sido usados contra mosquitos adultos por cerca de 60 años, explica Janet McAllister, entomóloga de la división de enfermedades causadas por vectores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Las preocupaciones llevaron a la fundación del Innovative Vector Control Consortium, una sociedad de desarrollo de productos creada por la Escuela de Liverpool en 2005, con varios grandes financistas. El grupo ha revisado 4,5 millones de compuestos en las bibliotecas de químicos de las empresas para encontrar alguno que no haya sido usado y que funcione contra los mosquitos que transmiten la malaria.

El grupo, que trabaja con grandes empresas de pesticidas, incluidas Bayer AG y Syngenta AG, apunta a sacar al mercado tres insecticidas nuevos entre 2020 y 2025, dice su presidente ejecutivo, Nick Hamon. La meta es tener productos de nuevas clases de insecticidas que puedan ser rotados regularmente, para evitar el desarrollo de resistencia, explica Hamon.

Algunas empresas buscan formas originales de usar los químicos existentes. En los suburbios de Chicago, Rajeev Vaidyanathan, director de ciencias ambientales del fabricante de insecticidas Clarke, sostiene una placa de Petri en la que nada una masa del tamaño de una pelota de golf compuesta por larvas de Aedes aegypti.

En octubre Clarke comenzó a suministrar a algunos consumidores en Florida tabletas con un químico llamado spinosad, las cuales se disuelven en el agua y sobrecargan los sistemas nerviosos de las larvas, matándolas.

Los funcionarios también tratan de ser más tácticos. “Rotamos nuestros insecticidas, como los cultivos”, dice Jonathan Hornby, subdirector de control de mosquitos del Condado de Lee. “Tenemos que estar atentos, especialmente si no hay nada nuevo en camino”

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