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“La inseguridad personal de JOH”

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“La inseguridad personal de JOH”

Hoy en día nos enfrentamos a desafíos especiales para la integridad. Primero, hoy tenemos disponibles mas mascaras para engañar al público Facebook y Twitter hacen posible que una persona de influencia parezca más abierta y transparente, pero en realidad se esconde detrás una imagen fácil de controlar y manipular con una cámara y un teclado de ordenador. Podemos convertirnos en El Mago de OZ, esconder detrás una cortina y manipular una maquina que produce temor, pero no son más que un montón de accesorios.

Así pues, ahí está el quebrantamiento más generalizado de nuestra estructura social. A menudo los “lideres” necesitan seguir adelante a pesar de los profundos problemas de sus familias. La confusión moral, la adicción y el alejamiento dentro de la familia suelen ser el telón de fondo de la vida personal del ciudadano Juan Orlando Hernández.

Algunos consideran que necesita salirse del “liderazgo” para cuidar de sus necesidades personales, pero muchas veces lo correcto es seguir trabajando aun sabiendo que no hay garantías de paz y satisfacción para su gobierno.

JOH se enfrenta a una poderosa oposición espiritual. En el liderazgo espiritual, el rival es a veces algo mas inmenso poderoso y malicioso; El mal en sí mismo.

Todos estamos afectados por el quebrantamiento jurídico de nuestro país, la opresión del pueblo y la indiferencia predomina, la incidencia de la depresión y el pesimismo es alarmante.

A menudo nuestros líderes cristianos no se comportan mejor que un político corrupto; simplemente repiten los mismos patrones como es el caso del “Pastor Marcos Witt”.

 Con nuestras comunicaciones mejoradas podemos rastrear prácticamente todo lo que sucede a nuestro alrededor, mejorar nuestras susceptibilidad podemos definir el éxito espiritual en el lenguaje de la estadística, un principio que difícilmente concilia con la Teología de Jesús sobre el reino de Dios, que desafía toda medida.

En nuestro país de trapos remendados sumergida en una sociedad quebrantada y dentro de una psique corrompida, tenemos la desesperada necesidad de justificar nuestra existencia. El poder y la tentación son posiciones capitales para ambos líderes…Pero hoy también tenemos la simple necesidad de sentirnos validados. PUEDE QUE PREDIQUEMOS EL EVANGELIO DEL FAVOR INMERECIDO, y al siguiente suspiro expresemos todo lo que tiene que ver con nuestro liderazgo en términos de merito.

¿Por qué hacen esto los jerarcas religiosos y los caudillos de gobierno?¿Hasta qué grado la patología de la competición (religiosa y poder) surge del orgullo personal de su antítesis la inseguridad personal?¿Por qué no vemos la infección cuando los lideres actúan o bien heridos o con el ego inflado?¿Por qué no vemos que cuando somos conducidos por un espíritu de competencia, arruinamos todo el trabajo que estamos intentando conseguir?¿Por qué no nos avergonzamos delante de Dios?

En un tono más positivo, el público puede ayudar a filtrar a los líderes que no tienen integridad.

Hoy los jóvenes no se impresionan con el estilo y la retórica, buscan lo auténtico. Esperan personas influyentes espiritualmente que sean congruentes en su vida pública y privada. De hecho, es bueno que nos levantemos y demandemos integridad. Ese es el poder de la gente normal; podemos reforzar el principio de la integridad siguiendo a los lideres que valoren; y podamos elegir rechazar a los lideres que alarden de poder y se mofan de la integridad.

«Integridad y rectitud me guarden porque en ti he esperado» (Salmo 25.21).

Allan Núñez 16/07/20217

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