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Honduras: Y, entonces, ¿de que “perdón” estamos hablando?

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Honduras: Y, entonces, ¿de que “perdón” estamos hablando?

Correrá mucha tinta, se oirán muchas voces. De ello no puede haber dudas. Pondrán el acento los unos en “las causas”, “el clima político”, las “responsabilidades compartidas”. Y siempre será bueno analizar los hechos “en su mérito”, con especial mención al marco político no sólo nacional también internacional.

Para otros, la mirada debiera enfocarse en las “consecuencias” del Golpe de Estado de 2009 cuando derrocaron al expresidente Manuel Zelaya. Esto es, las violaciones reiteradas y criminales a los derechos humanos cometidas desde el andamiaje del Terrorismo de Estado.

Necesitaban, por sobre todo, “limpiar la cancha” para seguir robando y disfrutando de sus botines, como lo hace hasta hoy un extenso listado de delincuentes de cuello y corbata beneficiados por la dictadura con enormes riquezas. Y para ello había que “advertir” a quienes pudieran tener la tentación de, algún día, pedirles cuentas.
Y es que no mencionar la “obra social y económica” de la dictadura en tanto componente orgánico en éste período del Terrorismo de Estado, sería no sólo una ingenuidad imperdonable sino fundamentalmente una falsificación de la historia.

Entonces, claro, puede haber un perdón individual. Que una persona, fuertemente dañada por un agente del Estado (usurpado), decida aceptar una petición de perdón proveniente de quien cometió un delito de atropello a la dignidad y aun al derecho a la vida, si éste alega en su favor “extrema juventud”, impericia, desconocimiento y, aun, temor.

Lo que no puede ocurrir, y es de eso de lo que se trata en el auténtico fondo de todo debate, es que una sociedad entera, una nación, grupos conformados por innumerables personas de toda condición social, -en este caso- que sufrieron por sus padres o por sí mismos tanta violencia desatada y sus consecuencias en sus vidas, que éstos, perdonen.

Y no pueden hacerlo, no sólo porque no tendrían derecho a ello, sino además porque eso sería negarse a sí mismos y aceptar su suerte como una señal del destino, reconocerse como ciudadanos de “segunda o tercera clase”, renegar de su esencia humana.

Y, entonces, ¿de que “perdón” estamos hablando?

Ricardo Ellner

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