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Del Golpe de Estado a la Reelección de JOH: síntomas de una élite en apuros

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Del Golpe de Estado a la Reelección de JOH: síntomas de una élite en apuros

El proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández y el Partido Nacional está mucho más relacionado con el Golpe de Estado de 2009 que con cualquier eslogan que pretenda vender de un mejor futuro, dicho proyecto reeleccionista tiene más de pasado que de futuro.

 En esencia, ambos eventos políticos responden al proyecto de los grupos económicos aliados al bipartidismo, destinado a seguir controlando las instituciones estatales para facilitarse toda clase de beneficios a costa del pueblo.

 Como lo hicieron hace más de 100 años con el enclave minero y luego con el enclave el bananero, como lo hicieron hace 7 años aprobando la concesión de nuestros ríos y montañas, vendiendo siempre en parcelas nuestro país al mejor postor a cambio de unas migajas.
 A partir del Golpe de Estado, el aumento en las concesiones, la venta del territorio nacional, la privatización de las empresas públicas, los despidos masivos y los recortes en el gasto social están a la orden del día. Son ampliamente recordadas las llamadas “diarreas legislativas”, de 2010 y 2013, impulsadas por el Partido Nacional y Juan Orlando Hernández, en las que aseguraron la posibilidad de hacer negocios desde el Estado, así como consolidarse en el poder.

 Luego del Golpe de Estado y a más de 7 años en el poder, la pobreza y la desigualdad aumentaron respecto al mandato de Zelaya; hoy por hoy, vivimos en la Honduras más pobre y desigual de la últimas dos décadas. Por el contrario, el sector financiero y el sector industrial y agroexportador reciben ganancias y acumulan riquezas como pocas veces en la historia. Para la élite es sencillo: acumular riquezas a costa de la pobreza del pueblo.

 En este escenario queda claro que lo importante es asegurar la posibilidad de lucro y acumular riqueza, el resto sale sobrando. Si en 2009 dieron el primer Golpe de Estado en la historia de la política contemporánea, para las elecciones de 2017 no dudarán en violar la constitución, utilizar la Corte Suprema de Justicia y despilfarrar toda clase de recursos con tal de asegurar sus intereses.

 Sin embargo, vale la pena señalar que estos sucesos de graves violaciones a la legitimidad del Estado ocurren justo frente a importantes oportunidades de transformación en la historia de Honduras. Mientras que en 2009 se preparaba la consulta sobre convocar a una Asamblea Nacional Constituyente; hoy, en 2017, se cierne amenazante sobre el proyecto de las élites la posibilidad de un Gobierno de Alianza y victoria para que el pueblo recupere lo que le ha sido arrebatado.

 Frente a esta terrible realidad de asocio entre el bipartidismo y los grupos económicos, así como la instrumentalización del Estado para su propio beneficio, al pueblo sólo le queda la alternativa implacable de organizarse y ser el motor de su propio cambio, el protagonista de su propia transformación.

 La Alianza de la Esperanza y la Transformación compuesta por LIBRE, el PAC, el PINU y sectores del PL y el PN, será un vehículo que nos conducirá a un mejor lugar en la historia para impulsar las transformaciones que Honduras urgentemente requiere. Sin embargo, al final, sólo los pueblos realizan las verdaderas transformaciones.

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